Virtual Insanity is what we’re living in

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Un nuevo análisis de nuestra compañera Mar sobre cómo las tecnologías moldean los vínculos cotidianos. Hasta el punto de que un noviazgo se puede comprar, en forma de mensajes virtuales, en una tienda online.



Frame de la película Her (2013)

Cuando la película Her de Spike Jonze salió en los cines a fines del 2013, muchos advertimos que la historia contada (hombre-solitario-manteniendo-una-relación-amorosa-con-un-sistema-de-inteligencia-artificial) estaba delineando un futuro de vínculos cada vez más virtuales e impersonales. Una representación exagerada por el lente de la ficción de nuestra pasión por las tecnologías. No pensamos que ese futuro llegaría tan pronto y que la ficción, como tantas veces, no estaba tan apartada de los hechos.

 

Toda esta introducción fílmica viene a cuento porque hace algunos días me encontré con una noticia que me hizo sentir dentro de la canción Virtual Insanity (“Locura Virtual”) de Jamiroquai: hay hombres en China que están contratando “novias virtuales” a través del sitio de compras online Taobao (la versión china de eBay).

 

Servicio Novias Virtuales

 

Sí, una especie de reedición de las mascotas virtuales de nuestra infancia (¿se acuerdan?) pero con la posibilidad de tener un oído para descargarse sobre los problemas de trabajo o una voz dulce enviando un beso de buenas noches.

 

El precio del amor

 

El servicio está pensado para hombres solitarios carentes de tiempo (o encanto, quizás) para tener una novia “real”, que deseen adquirir la vivencia de noviazgo a través de llamadas y mensajes de texto de una pareja con la que solo interactúan a través del smartphone. Otra muestra de cómo el mercado se mueve  cada vez más en la transacción de experiencias por sobre productos.

 

A diferencia de lo que ocurría en Her, donde la voz de Scarlett Johansson era en realidad generada por un sistema informático, en este servicio la voz y las palabras de la pareja virtual provienen de mujeres reales que trabajan para este servicio, y que al cabo de una semana –tiempo en que dura el contrato- deben cortar todo contacto con el cliente. No puede haber intercambios de tipo sexual ni se puede revelar información personal. Noviazgo, pero con orden.

 

El servicio, por ahora, solo está disponible en China, donde cada vez es más popular y genera mayores ingresos. El precio básico (100 mensajes en siete días, y dos llamadas diarias) es de 3,96 dólares al día. Y los Beatles que insisten en cantar que el amor no se puede comprar…

 

Where is the love

 

All this love we have for useless, twisting, our new technologies…” cantaba Jay Kay en Virtual Insanity. Si ya es algo descabellado que dos personas reales puedan llevar una relación real a la distancia a través de los medios de comunicación digitales (o que nazca el amor a partir de apps como Happn o Tinder), aparece este simulacro comercializado del amor para dar un nuevo giro a la lógica de los vínculos actuales. Finalmente, la interacción que nos termina salvando de la soledad es la de la pantalla.

 



Así, la representación del amor que se nos impone es simplemente eso: alguien a quien poder escribir un mensaje, alguien que nos llame en la mañana para desearnos un buen día. Amor a la pantalla, al medio de comunicación, más que a la persona.


(Reflexiones en esta dirección nos despierta el capítulo “Be Right Back” de la miniserie “Black Mirror”, donde una chica es capaz de mantener su vínculo con su novio fallecido gracias a un programa que lo resucita a partir de todas las comunicaciones e información que él ha volcado en las redes sociales).

 

 

Por ahora, aquí nos alegramos de que en estos lares la canción de Jamiroquai es más un funk futurista para bailarse todo que una predicción hecha realidad. Y quienes aún no tenemos parejas virtuales ni reales, nos regocijamos al ver cómo nos rinde mucho más el saldo de celular gracias a que no debemos hacer las dos llamadas diarias obligatorias.

Virtual Insanity

    Mar Payssé

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