Cuando las marcas te mueven el piso

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¿Alguna vez se preguntaron por qué los cachorros y bebés están en casi el 100% de los comerciales de papel higiénico? ¿O por qué, siglos después de Romeo y Julieta, las historias de amor siguen cautivando al público? La explicación no es solo cultural: la anatomía tiene bastante que ver con nuestra inclinación a esas historias que despiertan nuestra sensibilidad y empatía

 

      

 

Popularmente llamada la hormona del amor, la Oxcitocina tiene un rol fundamental en la vinculación entre dos personas que se quieren: una pareja, un lazo madre-hijo, y hasta una dupla de mejores amigos. Cuando la oxcitocina se activa y el cerebro recibe sus señales, la persona experimenta una sensación de confianza, empatía y bienestar, y por tanto manifiesta una mayor predisposición a cualquier mensaje o situación que se le esté planteando.

 

No hace falta tener un máster en neurología para advertir que el estímulo de esta hormona es clave en la comunicación de marcas (o cualquier otro tipo de comunicación humana). Al igual que esas personas que “nos mueven el piso”, un mensaje que active la oxcitocina contribuye a consolidar la confianza del receptor hacia la marca, generando una comunicación de mayor impacto.

 

Historias oxcitantes

 

Vale la pena tomarse algunos minutos para ver esta pequeña selección de historias contadas por las marcas desde un lugar más cercano.

Si después de ver estos videos no sentiste nada, deberías consultar a un médico para saber si estás vivo.

 

Lo que esta breve muestra nos plantea es el nuevo camino que están tomando algunas marcas en la forma de comunicar. Un camino donde el contenido busca provocar algo en el otro, despertar sensaciones, mover, conmover. Un recorrido que nos invita a explorar otras formas de crear, a trabajar a partir de estímulos hormonales para generar una comunicación más afectiva, más efectiva. Ya sea al publicar un post en un blog o enviar un e-mail.

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