Checky: el panóptico de las apps

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on Pinterest

¿Cuántas veces por día chequeamos el celular? En esta pregunta se sumerge Vanina, nuestra redactora, a partir de la aparición de una app que permite controlar -o al menos contabilizar- ese vínculo dependiente con la tecnología.

Me sumerjo en unas primeras anotaciones para este artículo y siento una voz que probablemente viene de mi superyó que me murmura: “Vanina, apartáte por un rato del celular. Al instante cae un mensaje de WhatsApp y de nuevo escucho la voz. Ahora me pide que lea el mensaje después. Claro que no le hago caso y ahí empiezo a contar las veces que tomo contacto con mi celular diariamente. Sin embargo, leo el mensaje y es cierta persona -no daré pistas para no incriminar- que está en un parcial y me pide ayuda a partir de una imagen de la propuesta que me envía. ¿Hasta qué punto llegamos con el uso del celular? ¿Hay un límite?

Esto es lo que propone la aplicación Checky: generar conciencia sobre el uso excesivo del celular, a través del conteo de las veces que lo chequeamos. Y como no estamos solos en esto, también da la posibilidad de ver la cantidad de veces que nuestros amigos usaron su celular. El panóptico, aquel dispositivo de control que describía Foucault en sus obras, ahora al alcance de nuestro dedo en la pantalla táctil del teléfono.

App Checky

Es claro que depositamos muchas cosas en este dispositivo: tiene nuestros contactos que ya ni nos preocupamos por anotar en una agenda en papel, tiene nuestras fotos que raramente respaldamos, nuestra música y hasta la hora, porque los celulares en buena medida son los nuevos relojes. La cuestión es que cada vez más, hasta para recordar la toma de una pastilla -existe una aplicación para eso-, delegamos y depositamos nuestra vida en esos dispositivos.

Pendiente y dependiente

No hay que perder de vista que una mayor dependencia a los dispositivos se desprende directamente del tiempo en que vivimos y no tiene que ser considerado necesariamente como algo malo. Se viven “fenómenos de dependencia cultural, donde el hombre es dependiente de la tecnología de su época”, nos explicó el psicólogo Roberto Balaguer, quien se ha especializado en estudiar la forma en que las personas se vinculan a (y a través de) las tecnologías.

¿No te ha pasado de dejar olvidado el celular en tu casa cuando vas a trabajar? Te das cuenta enseguida porque es lo primero que vas a buscar al bolsillo cuando te alejás unas cuadras y dependiendo de tu tiempo volvés a buscarlo o no, aunque generalmente preferís llegar un poco tarde antes de sacrificar una tarde entera sin el dispositivo. A ese sentimiento se le llama “nomofobia”, palabra que viene del inglés “no mobile phobia”, es decir, “miedo a estar sin el celular” y a esa sensación de estar incomunicados con el mundo.

Death-of-conversation-7

Fotografía de Babycakes Romero, autor de la serie fotográfica “La muerte de la conversación”

La escena en el ómnibus de toda la gente mirando su celular, encerrada en su mundo con sus auriculares, puede parecer algo deprimente pero no me incomoda al punto de no hacer lo mismo, porque hay días que lo amerita. Igualmente me cuestiono, ¿cuándo vamos a entablar alguna una conversación casual cara a cara si seguimos así de ensimismados?

Me pregunto qué chances hay de conversar con alguien desconocido si para preguntarle si se baja en la próxima ocurre lo siguiente:

1- no te escucha.
2-le das dos golpecitos rápidos en la espalda con dos dedos y la persona salta asustada.
3- recién ahí se saca los auriculares.
4- finalmente obtenés una respuesta pero ya se te pasó tu parada.

Otra situación cotidiana es en un bar con amigos, donde a pesar de estar sociabilizando en la vida real, no podemos apartarnos del mundo virtual. Este fenómeno denominado “phubbing” llega a tal punto que en algunos restaurantes del mundo hacen intervenciones para que esta dependencia no sea tal. Por ejemplo, les piden a los clientes que coloquen sus celulares en una canastita ubicada como un centro de mesa y el primero en agarrarlo tiene que pagar la cuenta.

Fuera de control

Lo que propone la aplicación Checky es tercerizar ese control que no está en nosotros mismos, muchas veces porque perdemos la noción del tiempo de uso cuando estamos con este tipo de tecnologías. La app objetiviza la cantidad de veces que la persona entra en contacto con el aparato e intenta alertarla a través de esa información para que tome alguna medida inhibitoria.

Balaguer, experto en la temática, nos contó que este tipo de alertas que surgen del propio aparato vienen de tiempo atrás con las computadoras, sobre todo para chicos. Allí, con un software se programaba un tiempo para jugar y pasado ese lapso la computadora se apagaba automáticamente.

Muchas acciones que se supone que son psicológicas ahora están siendo depositadas en aplicaciones de todo tipo: “esto sigue la lógica de que para cada problema emocional o vital puede haber una aplicación que lo resuelva”, explica el psicólogo. Por otro lado, si una persona piensa que una aplicación puede solucionar sus problemas, se trata de “alguien que comparte sus funciones emocionales y psicológicas con la tecnología”. De ese modo, “nos estamos transformando, queramos admitirlo o no, en cyborgs, sujetos que cada vez externalizamos más funciones y las ponemos en manos de la tecnología”, dice Balaguer.

Película Brazil

                                                      Imagen de la película Brazil (1985)

 Y si de resolver problemas se trata, han surgido algunas aplicaciones que buscan “proteger” a sus usuarios. Por ejemplo existen varias aplicaciones para evitar que las personas llamen o escriban a sus ex parejas en estados de ebriedad. Una de las aplicaciones hace una serie de preguntas básicas que, si se responden mal, automáticamente bloquea los números que sobrio -previendo una catástrofe- la persona le indicó que bloqueara. Pero, ¿dónde está el autocontrol? Seguramente todos alguna vez lo perdimos, y ahí entra la utilidad de esta aplicación-aquello en lo que muchas veces nuestras mejores amigas fracasan-: prohibirnos hacer algo que al otro día vamos a lamentar infinitas veces.

                                                                                                     …

Llamémosle viveza criolla o para hacerlo global, viveza tecnológica, pero a otra escala y en otro contexto, mi celular recibió un pedido de ayuda mientras comenzaba a garabatear esta nota. Alguien estaba teniendo un problema en una prueba y decidió usar una aplicación -niños no copiar malos ejemplos- para resolverlo. Esto va directamente en la línea de que la tecnología cada vez más se presenta para darnos soluciones rápidas a determinados problemas, aunque en este caso implique hacer trampa.

Después de una breve reflexión, más allá de que sea aceptable o no, respondí el pedido de ayuda y la persona finalmente aprobó el parcial o mejor dicho: aprobamos.

                                                                                                                                        Vanina Di Blasi

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on Pinterest
Etiquetas: ,
 

Sé el primero en comentar en “Checky: el panóptico de las apps”